El pueblo vasco estrena normalidad democrática en su Parlamento


Quedan atrás 29 años de gobierno ininterrumpido de los peneuvistas: no hay mal ni bien que cien años dure, en este caso, el mal o el bien, según desde qué óptica se contemple no ha llegado a los treinta años, que es lo que dura en España la cadena perpetua, que no existe: es una forma de hablar.
Esta nueva etapa de normalidad democrática, en que por primera vez van a estar ausentes aquellos que nunca se dignaron condenar la violencia-nombre eufemístico con que en esa noble, feraz e industriosa región se llama a los asesinatos, aunque también abarca al terrorismo de “baja intensidad” o destrucción de bienes muebles e inmuebles, preferentemente cajeros, autobuses y contenedores de basura-, se ha inaugurado con la elección como Presidenta de la Cámara de la parlamentaria del PP, Arancha, Arantza o Arantxa Quiroga, de agradable apariencia física y a la que se ve en una de las fotos, en solitario o siendo, suponemos, felicitada por el aún lehendakari en funciones Ibarretxe, que suponemos es un buen demócrata aunque obnubilado a veces por sus proyectos para “su” país, que como ha comprobado recientemente, no lo quieren la mayoría de los vascos y de las vascas, que están empeñados en vivir lo mejor posible en estos tiempos de tanta zozobra.
Más adelante, ya se verá lo que conviene a todos. Primum vivere, deinde la independentzia y lo que haga falta. Si una notable mayoría lo quiere el resto de españoles seguramente vería con alivio o que jugaran la Eurocopa del 2020 con bandera y borceguíes propios-el sueño de Urkullu- o el Obama de turno tomando café en la lehendakariza con el lendakari.
El hecho que se acaba de producir, el cambio, lógicamente ha suscitado reacciones diversas que van desde “¡el cambio está aquí!, del exultante-él es así- Antonio Basagoiti, el moderado entusiasmo de los socialistas, hasta la lógica frialdad de los desalojados, representados por Joseba Egibar, portavoz del PNV: “Sin sorpresas. Es el primer paso -el primer golpe para nosotros- de toda una maquinaria de Estado que se pone en marcha, al servicio de una estrategia marcada por la razón de Estado, para controlar Euskadi”. “En este parlamento no toda la sociedad está representada. Las reglas del juego han sido alteradas y se han forzado las mayorías”
Este Egibar no deja de ser un simple que se lo pone a huevo a sus adversarios: ¿Es un golpe el que presida el Parlamento o gobierne la mayoría que ha salido de las urnas en una consulta democrática?, ¿es un golpe que no esté representada la gente que defiende los métodos violentos, lo que constituye una ilegalidad en democracia?, ¿no era un golpe el que ellos estuvieran gobernados, apoyados por grupos considerados terroristas en Europa?. Esto debería aclararlo Joseba: a no ser que nos quiera convertir a los demás en carne de cañón…de psiquiatras. Pero nos tememos que la fiesta no ha hecho más que empezar: Urkullu insiste en que el acuerdo PP-PSE se basa en “en el revanchismo y el fraude”
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“Esta nueva etapa de normalidad democrática, en que por primera vez van a estar ausentes aquellos que nunca se dignaron condenar la violencia”
Esta afirmación no es cierta, pues es la primera vez que van a gobernar juntos, el partido que nunca ha condenado el franquismo y se mofa de sus víctimas, negando la masacre de Gernika, y el partido que utilizaba la cal viva, y todavía no ha condenado su responsabilidad en el terrorismo de estado. Al igual que ambos no condenan las torturas, ni ponen medios para erradicarla, llegando a casos en los que sistemáticamente se indulta o se asciende directamente a aquellos policías denunciados por practicarla.