Glosa de algunos excesos verbales de los padres de la Patria
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La última y más estremecedora por venir de una supuesta aristócrata, la única mujer que ha ostentado la presidencia del Senado y la única que preside una comunidad autónoma de España,Condesa consorte de Murillo y Dama del Imperio Británico -de ahí suponemos le vendrá la difícil comparación con la dama de hierro Margaret Thacher – es la de, cómo todos sabemos, llamar a un compañero de partido, el que tiene todas las papeletas es Gallardón, del que envidia lo bien que cae entre las izquierdas, hijo de puta aunque ella dice que no se refiere a él. En la Edad Media no sabemos si hubiera resistido una ordalía o juicio de Dios por mentir.
Curiosamente ciertos periodistas, entre los que está Carlitos -como lo llaman en el gremio- Herrera, al que le hemos escuchado esta mañana decir: “A mi qué me importa que le haya llamado hijo de puta a Gallardón en privado. Otra cosa es que se lo dijera en público”, la justifican. El único matiz que encontramos es la gran hipocresía que reina entre nuestros políticos y periodistas más conocidos. Tienen un rostro que se lo pisan porque lo que hay que deducir de las palabras de la lideresa es que ahí, en privado, es donde dice la verdad que denota su auténtica catadura moral. Dios nos libre de nuestros correligionarios que de mis amigos ya me guardo yo. O algo así.
El otro ilustre abonado, éste presidente del Congreso, a la cualificación y teoría del “hijo de puta” es José Bono que, en una conversación distendida con diputados captada por las televisiones en los pasillos de la cámara dijo: “hay mucha santa y algún malo (…) y los del partido propio que son unos hijos de puta”. Quizá aquí encontremos un matiz más compresivo hacia sus compañeros descamisados.
De menor enjundia pero igualmente celebrados por la ciudadanía son el “Mañana tengo el coñazo del desfile” de Rajoy la víspera de la Fiesta Nacional. Zafio símil al que también se abonó antes el presidente de la FAES, Josemari Aznar que soltó tras leer un exhaustivo calendario de reformas aprobadas en la UE: “¡Vaya coñazo que he soltado!”
Citamos finalmente la necesidad de que “hubiera tensión” antes de unas elecciones generales, dicho por Zapatero, el apelativo de “gilipollas” aplicado por Bono a Blair, y el “manda huevos” de Trillo tras leer la compleja redacción de una enmienda parlamentaria que se disponía a votar la Cámara.
Nos quedamos con la escandalosa aseveración de Pedro Castro en un acto público del PSOE: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?” Una expresión ofensiva aunque coloquial dicha de los rivales políticos más inane, creemos, que decir de los propios compañeros que la madre de alguno profesa la ocupación más antigua del mundo.

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“la ocupación más antigua del mundo.”
¿Y cuál es? Porque la prostitución no.