Lo antiestético de los encuentros Bermejo-Garzón y Camps-de Rosa
Una vez amortizado y entregado a los leones el colérico e impulsivo Bermejo, y ocupada su silla sin haber estado en Sevilla sino en Jaén, donde el romancero sitúa a las dos “moritas que enamoran” y de donde son los aceituneros altivos que continúa cantando Paco Ibáñez, el presunto masónCamaño ocupa el cargo-no pueden ocultar sus resabios franquistas quienes de eso lo acusan- el que está al pie de los caballos, sólo con sus soledad instructora de sumarios, a la que le sacan tantos defectos, es el juez estrella, el Campeador Garzón. Su cabeza tiene un precio y su salud ya lo está acusando en forma de subidas tensionales, el asesino silencioso.
Es por ello por lo que el tesorero del PP, Luis Bárcenas, contraataca y denuncia al juez Garzón al Consejo General del Poder Judicial y al Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido por implicarle implícitamente en la trama del caso Gürtel.Considera que se está haciendo una “utilización torcida de las instituciones del Estado y de las funciones jurisdiccionales para tramitar, proseguir y auspiciar una verdadera causa general contra el PP” que ”recuerda los mejores tiempos de la propaganda goebbeliana y resulta intolerable en un Estado democrático y de Derecho”.
Esto lo hace después de que supiera que Garzón cree contar con indicios para implicarlo en la supuesta trama de corrupción ligada a cargos del PP ,al menos, dos parlametarios de este partido, uno de ellos el senador Bárcenas. Cree que el hecho de que el aparezca, siendo el sumario secreto puede ser constitutivo de delito.Y si antes y por un hecho que causó la caída del ministro Bermejo, su reunión en una cacería, casualmente o no, con el juez Garzón, ahora el número dos del CGPJ Fernando de Rosa, se reúne con alguien con poder como Francisco Camps, además de con el ex ministro de Justicia, José María Michavila, y tres miembros del núcleo duro del PP regional.
Para entonces ya Camps sabía que el fiscal le había implicado e la trama corrupta que presuntamente operaba en instituciones gobernadas por el PP y que ha dado origen al caso Gürtel.Esa mismo día De Rosa insinúa públicamente que el juez Baltasar Garzón prevarica por no inhibirse en el caso pese a la presencia de aforados. Posteriormente el susodicho juez, ex consejero de Justicia de Valencia ha negado tal reunión aunque ,despues alguien habló por él diciendo “que De Rosa sí había estado en el cuartel general del Gobierno valenciano, pero no para ver a Camps sino para “recoger teletipos”.
También antes y al parecer Camps había estado en el domicilio de De Rosa, aunque éste ha dicho que “ no va a hablar de reuniones privadas en su casa porque forman parte de su vida privada”.
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Lo triste de todo esto es que nuestro máximo instrumento jurisdiccional es la Constitución de 1978, sobre la que cada político jura al tomar posesión de su cargo público. Y es en ella donde se recoge la presunción de inocencia de todo ciudadano, incluido los gobernantes. Pero pareciera, con todo el ruido actual reinante, que nadie respeta ni las Instituciones, ni los documentos sagrados de nuestra democracia que hemos prometido defender.
Supuestas filtraciones, juicios mediáticos paralelos, eso es lo que impera cada día. Arrastrando el honor de personas por los suelos, en casos que tal vez no pasarán ni siquiera de diligencias previas. Y digo yo, ¿no sería mejor que los concejales, consejeros, diputados, senadores,…se dedicasen a gestionar lo público que para eso les pagan; y no verter continuas opiniones sobre algo que no tienen competencia alguna como es la justicia?. Porque, que yo sepa, en este país existe división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Siendo cada uno independiente, o por lo menos eso dice nuestra Carta Magna.
Debe ser que se aburren, pero un humilde consejo, si canalizaran todo ese fuerzo en vez de manifestar críticas del tipo: “vale, yo tengo una astilla en el ojo, pero tú una viga”, y se esforzaran en buscar medidas para acabar con esta crisis. A finales de año estaríamos en otra etapa de crecimiento. Y si alguien es culpable o no ya lo dirá el juez.
Es sólo una modesta opinión.