Resurrección Galera, profesora de Religión, recupera el trabajo 10 años después

Alejandro 21 abril, 2011 2

resurreccion galera

Suponiendo que haya estado esos diez años viviendo en la inopia y no se haya buscado otro trabajo si no ha querido, como a la vieja usanza, ser mantenida por el alemán divorciado Johannes Romes, con el que se casó por lo civil en el Juzgado de Níjar.El casamiento de Resurrección con el divorciado Johannes Romes hizo disparar las alarmas en el Obispado de Almería que no le renovó el contrato porque a esta sede episcopal llegaron rumores de que vivía con un casado…por lo cual ya no reunía las condiciones exigibles para defender la moral y doctrina cristianas.

Diez años después el Tribunal Constitucional ha otorgado el amparo a Resurrección Galera Navarro, considerando que tiene derecho a «no sufrir discriminación por razón de sus circunstancias personales, a la libertad ideológica en conexión con el derecho a contraer matrimonio en la forma legalmente establecida y a la intimidad personal y familiar», resolución que lleva implícita la consideración de que los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede, de 1979 no impiden que los tribunales españoles de orden social protejan los derechos fundamentales.

Veamos cómo Ignacio Escolar enfoca el asunto en el que sale a relucir la historia de la también divorciada Letizia y la hipocresía de los obispos en algunos casos:

“Antes de felicitarse por la lógica sentencia del Tribunal Constitucional [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] conviene preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí. Los hechos probados: Resurrección Galera se quedó sin trabajo hace diez años porque el Obispado de Almería decidió no renovar su contrato. ¿El motivo? El Obispado nunca lo ocultó: “Nos han llegado afirmaciones de que estás viviendo con un señor casado. Es una situación insostenible”, le dijeron. El “señor casado” era, en realidad, un “señor divorciado”. Poco cambia la cosa –como si fuese una señora, o dos–, y sólo resalto el dato para subrayar la hipocresía de unos obispos que no tienen problema alguno en casar a una señora divorciada en la Catedral de la Almudena si el novio va a ser rey de España, pero que se permiten el privilegio de meterse en la vida privada de una trabajadora cuyo salario, además, no pagan ellos.



 Porque el verdadero problema es éste: ¿cómo es posible que en este país la Iglesia tenga el derecho a contratar y despedir arbitrariamente a unos profesores cuyo sueldo paga el Estado? Sí: el Estado. Ese dinero ni siquiera se camufla en esta ocasión bajo el paripé de la casilla del IRPF (que no supone, como en Alemania, que el contribuyente creyente pague un pequeño impuesto extra, como sería lógico). Los profesores de religión nos cuestan al año  unos 600 millones de euros.. Son puestos de trabajo públicos que se cubren a dedo, según ordene el señor obispo, que no sólo es el dueño de su jornada laboral, sino también de su tiempo libre. ¿Es compatible este sistema medieval con una España “aconfesional” en pleno siglo XXI?”

 Algunos de los comentarios a esta noticia no dejan de tener cierta lógica aún empleando términos más pedestres o menos académicos:

“Asi que no es necesario que un profesor comparta y practique el ideario del temario de la asignatura que imparte. Bueno, no hay problema si  hablamos de matematicas o fisica pero, ¿podria un profesor de “educacion para la ciudadania” ser falangista o nazi?¿Podria un profesor de religion islamica en un colegio publico ser mujer?¿Como sabe la iglesia catolica hasta que punto un profesor de religion catolica es catolico practicante? En el caso concreto de la noticia , lo del divorcio es flagrante pero ¿Que pasa si tiene una pareja de hecho o si folla con condon?¿Hay que poner eso en el curriculum?Por otro lado, hasta ahora, la iglesia catolica cuando descubre un cura pedofilo simplemente lo cambia de diocesis,¿Por que no cambia a la profesora de colegio en vez de expulsarla?¿Es mas peligroso para los alumnos de religion catolica una divorciada que un pedofilo?”

Lo he transcrito tal cual. Se observa la enemistad absoluta del comentarista con el asunto de las tildes, casi la misma que la iglesia oficial con el divorcio.