18 de Julio

Alejandro 18 julio, 2011 5

 

franco y queipo de llano

dos combatientes de bandos distintos

fosa de gumiel de izan

Creemos que la Guerra Civil de 1936, de la que cada vez van quedando menos actores y de la que hoy se conmemora el 75ºaniversario de su comienzo es algo que marcó a millones de españoles y de ciudadanos del mundo. Después de la 2ª Guerra Mundial es el suceso que más literatura ha producido  y hay quien dice que todavía no se han desvelado las claves. Lo que iba a ser una revuelta a cargo de unos generales golpistas que iba a ser controlada en unos cuantos días se extendió a lo largo de tres años sobre todo porque ya en los inicios el bando rebelde fue apoyado por los gobiernos nazis y fascistas de Alemania e Italia.

Una tragedia en toda regla que ocasionó en ambos bandos centenares de miles de muertos, en una proporción de tres a uno “a favor” del bando nacional (150.000 contra 50.000) con la diferencia de que las víctimas de los nacionales fueron a cargo de las instituciones y las de los republicanos ocasionadas por bandas de anarquistas sobre las que la República había perdido el control. A esas víctimas directas hay que unir las indirectas: no menos de 4 millones de españoles sufrieron de una u otra manera los rigores de la represión de los vencedores, algo que está documentado en los archivos y que tienen bastante rigor: García Lorca no aparece como víctima porque no han aparecido rastros escritos oficiales de su asesinato.

Una conmemoración que forzosamente hay que hacer pero con seriedad y sin que se vea en ello, como dice cierta prensa nostálgica de los vencedores, “ una manipulación y exhumación de todos los odios que creíamos definitivamente enterrados, olvidados y perdonados con la concordia de la Constitución, hasta que vino este malvado e insensato nieto de su abuelo [Zapatero] a desenterrarlos con la Memoria Histórica, como si en aquella guerra cainita no hubiera habido ningún otro asesinado”


Y mucho menos ver aquellas fechas y su conmemoración de una manera “cáustica y divertida” según el estilo de Antonio Burgos:

“Me sorprende que nadie haya recordado que se ha cumplido también el LXXV aniversario del asesinato del diputado don José Calvo Sotelo por la Guardia de Asalto, que lo secuestró en su casa. Aquella aberración del orden constitucional fue como si ahora la Policía Nacional fuera de madrugada a detener sin orden judicial a Rajoy, lo sacara medio en pijama y se lo llevara en una coche zeta, en cuyo interior le descerrajasen cuatro tiros, arrojando luego su cadáver en el Cementerio del Este.

De Calvo Sotelo no se ha acordado nadie en su cabo de tres cuartos de siglo, pero verá usted hoy mismo y sobre todo mañana lunes, aniversario de la leña marismeña, la que les espera a Franco, a Queipo y a Mola, ¡ahora sí que les van a ganar la guerra!

Pero tranquilos, yordis, que mis olvidados 18 de Julio no son de terror, muerte y sangre. Quiero evocar no este LXXV aniversario del Alzamiento, sino por ejemplo el XXV. Lo que era, por ejemplo, el 18 de Julio en 1961.

Miren ustedes: a aquellas alturas del olvido de las fatiguitas, en los felices 60 del desarrollismo, el 18 de Julio no era ya una fecha de exaltación de camisas azules y uniformes caquis, ni de desfiles, inauguración de pantanos y pisos sindicales, y marchas militares por la radio.
Lo que se inauguraba el 18 de Julio era el verano, paga extraordinaria en mano. El 18 de Julio era ya sólo el día de la paga. De la paga extra de verano en la España de las quince pagas.
Que no era tan negra como nos la quieren pintar. La gente pasaba sus dificultades, pero amaba, soñaba, reía, pagaba letras, se compraba un pisito, se casaba, tenía hijos, ilusiones y esperanzas. Ya media España tenía un Seiscientos y alquilaba por quince días un apartamento en Benidorm o en Chipiona. Ya era la España de la televisión, la nevera, la lavadora, los yeyés, los pantalones de campana, los modernos, ¡entonces sí que había modernos y modernidad, y no ahora!
En aquellos 18 de Julio nadie pensaba ya en el Cuartel de la Montaña, ni maldecía el micrófono de Queipo, ni se acordaba de La Pasionaria. Eso ha sido lo desenterrado ahora, todo lo felizmente olvidado, cuando el malvado nieto de su abuelito ha venido a reabrir heridas cicatrizadas.
En aquellos 18 de Julio de paga de verano y 600 que evoco, en lo que se pensaba era en echar el día de piscina en el Parque Sindical, en la terreza del cervezón y los platos de gambas. Sí, he dicho gambas: la gente se hartaba de gambas y de cerveza el 18 de Julio, con la paga extraordinaria”