El domingo es día de maletines

Alfonso Valencia 12 Mayo, 2012 0

maletines

Todo el mundo sabe que, en los últimos días de la liga, comienzan a circular maletines repletos de dinero negro destinados a trucar resultados con objeto de evitar el descenso al llamado “infierno” de la 2ª división del fútbol español. Es de suponer que en categorías inferiores también existirán aunque en este caso las cantidades que se mueven serán mucho más exiguas. Dicen que pagar para que un equipo gane no es perseguible porque es primar el cumplir con  el deber, pero lo contrario…

Todos los años  por estos días se habla abundantemente del tema, pero ni las autoridades deportivas logran conseguir pruebas ni se conoce que funcionarios de la Agencia Tributaria hayan investigado jamás el dinero negro que contienen esos maletines. Una prueba de que hay movida es que el año pasado el delantero del Sporting David Barral, reconoció que los jugadores del Depor le pidieron que fallara el penalti que supuso el 2-2 final entre ambos equipos. El error hubiera dejado casi sellada la permanencia del Depor en Primera, que finalmente descendió:

“Me pidieron que lo fallara porque nosotros ya estamos casi salvados. Da pena ver cómo sufre un equipo cuando está tan abajo, pero yo tengo una gran responsabilidad con este equipo y no podía fallarlo”

Finalizada la temporada, y a la espera de cuáles van a ser los equipos que jueguen la Champion, o la  Europa  League, o los equipos que desciendan finalmente, me ha llamado la atención la síntesis que hace de la temporada Jaime Pérez de Albéniz, en  “El dedo que mece la liga”, en que refiere con su mordacidad e ironía acostumbradas a los dos primeros de la liga, a los 18 equipos comparsas, al dedazo de Mourinho , los cortes de mangas de Ronaldo, los pisotones de Pepe…

“El Real Madrid ha ganado la Liga al Barcelona. Una liga que ha dejado de ser la mejor del mundo para convertirse en una competición entre dos equipos con 18 comparsas:36 puntos separan al primer clasificado del tercero. La ha ganado el Madrid en La Catedral, un campo de ensueño, con un broche de oro: el corte de mangas de Ronaldo. La victoria ha abierto todos los informativos, y las celebraciones, retransmitidas en directo, solo han estado empañadas por la lluvia. Un triunfo merecido que hace que el madridismo mire para otro lado y termine identificándose plenamente con Mourinho, el entrenador avinagrado que ningún equipo debería tener.



Mourinho es una de las peores cosas que le han podido pasar al fútbol. Con su eterna insatisfacción y sus malos modales nos hace olvidar que el balompié es un deporte, un juego divertido, una pasión infantil. Esa “fiesta de los ojos y música del cuerpo”de Eduardo Galeano. Las teorías que equiparan el fútbol con una guerra dan mucho juego en el periodismo de columna y en la literatura deportiva, pero son terriblemente dañinas en la vida real. Crean monstruos, yo los he visto: niños de quince años gritando“¡Catalanes hijos de puta!” cuando aparece Guardiola en televisión.

Mourinho es un neoliberal del balón que cada minuto nos recuerda que, cuando se trata de ganar, todo está permitido. Que la victoria es el fin, y que todos los medios están justificados para conseguirla. Perder es de mediocres. Un pecado. Mou ha conseguido que los niños sean menos niños y más hinchas, que dejen de disfrutar con la pelota (Dios es redondo) y solo piensen en vencer, que vean el deporte como un enfrentamiento, y que justifiquen e imiten los cortes de mangas de Ronaldo, los pisotones de Pepe y hasta su propia amargura vital. Mourinho convierte el estadio en una isla de permisividad: lo que sucede en la cancha queda en la cancha, repiten técnicos y  jugadores, incomprensiblemente ajenos a las decenas de cámaras que observan y transmiten al mundo sus miserias.

Mou lleva el fútbol mucho más allá de las guerras simbólicas entre tribus modernas. La tensión, verbal y física, forma parte de su manera de entender el juego. “Ha habido una operación para convertir a Mou en el Darth Vaden del futbol español. Otros hacen las mismas cosas y no les masacramos”, dice García Ferreras en “Al rojo vivo” (La Sexta). ¿Otros hacen las mismas cosas? De ninguna manera… Hay imágenes que nunca deberíamos olvidar, que pertenecen a nuestra historia nacional de la infamia. Por ejemplo aquella de Aznar en las Azores, cuando nos mintió y nos hizo cómplices de una guerra ilegal, injusta e inútil. O ésta más reciente del rey Juan Carlos matando elefantes, ejemplo de una doble vida financiada con nuestro dinero. Yo no olvidaré jamás la escena en que Mourinho, en un acceso de ira durante una tangana, se acerca por detrás al entrenador rival y le mete un dedo en el ojo.

Ese dedo traicionero y cobarde, el que mece la liga, no se había visto jamás en el fútbol español. El dedo que señala la máxima miseria futbolística: aquella que convierte un juego mágico, “la recuperación semanal de la infancia” (Javier Marías), en una academia de codicia donde los jóvenes pueden aprender el arte de la soberbia, el engaño y la intimidación. Ójala no tengamos que arrepentirnos algún día de estas enseñanzas”