El padre Apeles

Alejandro 2 noviembre, 2011 1

padre apeles


El Padre Apeles se agarra desesperadamente a la tele para seguir viviendo sin trabajar mientras se autopronostica un final parecido al de Carmina Ordóñez: “Tomo medicamentos y bebo mucho”, acaba de decir en la Noria donde nadie le dijo que por qué no se iba a ejercer el sacerdocio al mundo rural, a trabajar en varias parroquias con lo que no se aburriría ni tendría que recurrir ni a los psicofármacos ni a las bebidas de alta gradación en que la mezcla es explosiva e inductora al suicidio.

La duda que corroe al espectador es la de si este hombre sigue siendo sacerdote –lleva alzacuellos- o está secularizado. Es un caso evidente de que, sea cual sea su condición actual, el hábito no hace al monje.

Antes de este infierno en el que está instalado y cuando cobraba un buen dinero en esos programas basura de Dios daba muestras de un narcisismo insultante y de ser un bon vivant poco acorde con la pobreza teórica de los siervos de Dios:

“Me  encanta el champagne, los pasteles, los vinos y los quesos franceses, el whisky escocés, las naranjas sicilianas, la horchata y la paella valencianas, la pasta italiana (fettucine ai funghi porcini), la ternera argentina (bife de lomo), el jamón extremeño, la torta del Casar, el salmón noruego, el caviar ruso, las fritelas venecianas, el chocolate suizo, los waffen, las fresas recubiertas con salsa de chocolate, las cerezas picotas, la nata muy repujada, el “bloody Mary”, el Cacaolat frío con ron, la ironía y el buen humor.

“Soy católico, apostólico, romano y monárquico” (como Salvador Dalí). También, florentino, renacentista, aristotélico-tomista y pesimista. Además, epicúreo y del Barça. Ecologista no fanático, vegetariano no practicante, flâneur infatigable, anarquista de derechas y “frívolo, pero no superficial”.

Me gusta el universo estrellado, la montaña austríaca, la filosofía griega, el derecho romano, la fe cristiana, la ciencia europea, la arquitectura barroca, la escultura italiana, la pintura española desde el siglo de oro, la música italiana y alemana, la literatura francesa y rusa del XIX, el cine de Hollywood hasta el ultimo tercio del XX, la cortesía británica, las princesas extranjeras y los futbolistas brasileños. Me entusiasma la mar, aunque prefiero la montaña; y el frío, la lluvia, la niebla y la nieve, al calor y la sequía”

Todo un exquisito pues pero que a muchos desagradaba. Fíjense el retrato que hizo de él Paco Umbral:

“El padre Apeles está entre la mística y el actor Escrivá haciendo de cura. El pelo muy recortado, apenas una cenefa en torno de una cabeza correcta, como de yeso clásico, las orejas cabales, los ojos llenos de una santa ira que se refrena a sí misma y se entristece en la caída de los extremos, las cejas dibujadas con cierto satanismo a lo Savonarola, el clergyman impecable y las manos, ay las manos, como las de un Cristo marica pintado por un blando, o esa nariz de un clasicismo aburrido, soso y pasado. O esa boquita coqueta, dibujada y sensual, de una sensualidad virgen, como el mentón perfecto, redondeado, enérgico e impúber al mismo tiempo. Qué hallazgo de cura, arcángel de mermelada”

“este dulce de membrillo que cuando se cabrea es como un ángel de Murillo o de Salzillo, a punto de trocar la ira en mermelada espiritual,porque la violencia verbal y visual de la tele no se combate con discursos morales ni con la palabra en llamas del político, sino con dulces dosis de cursilería que primero dejan al personal perplejo, como si te dan una mano de yogur en los huevos, y luego la cosa te va enviciando y ya se estaría uno toda la noche viendo a esta loca a lo divino, que está entre un San Juan de la Cruz sin genio y una Santa Teresita de Lisieux sin virgo”

Ahorra reaparece derrotado: “Mi vida puede acabar como la de Carmina Ordoñez. Tomo medicamentos y bebo mucho”, “Mi vida es una carga”“cada día le pido a Dios que sea el último de mi vida. Me voy solo al cine y bebo sin parar. No sé ni el día ni la hora que es, mis ventanas están bajadas” “Suicidarse implica una voluntad de que alguien se quiere matar, yo le pido a Dios cada día que sea el último día de mi vida, porque en este mundo yo ya no tengo objetivos ni ilusiones ni nada que hacer. Por tanto, a mi la vida me resulta una carga, me resulta pesada, no significa por eso que yo me quiera matar. No me he suicidado porque pienso que hay un infierno y sigo creyendo en eso”

Cree que si le dieran trabajo en la Noria quizá mejoraría.

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