Miguel Ángel Rodríguez no quiere que lo insulten
Después de que se insultaran repetitivamente, Mª Antonia Iglesias y M.A. Rodríguez, en donde los “cabrón” o “imbécil” colmaron la paciencia del hábil presentador Jordi González, un día después de los hechos, MAR afirma que le molesta que se pueda insultar gravemente en un plató. Estamos ante otro ejercicio de cinismo a cargo del personaje: en él a su vez insulta gravemente la inteligencia de los espectadores, pues en el vídeo que se muestra llama con reiteración “nazi” al doctor Montes: nos parece mucho más grave la palabra “nazi”, sinónimo de refinado criminal que “cabrón”, un apelativo que se dice en España a todo varón que haga alguna faena, sin necesidad de que haya sido burlado sexualmente por aquella que hace las veces de pareja, físicamente, porque “in mente”, mejor es no menear el asunto. Por cierto que la locutora le dice a MAR en una ocasión “que no produzca insultos”, lo que nos parece un flagrante galicismo en una locutora de televisión en “prime time”, para ello ya tenemos el más sintético “insultar”, sin necesidad de recurrir a extrañas perífrasis, seguramente será por lo de los nervios.
En aquel programa, Rodríguez inició sus ataques al doctor absuelto por el caso de las sedaciones haciendo un llamamiento a la audiencia: “Si alguna vez caigo en manos del doctor Montes, por favor llamad a la policía”.
Isaías Lafuente le indicó que “hay cosas con las que no se pueden hacer payasadas”. En ese momento, Rodríguez llamó hasta en cuatro ocasiones “nazi” al doctor Montes y concluyó asegurando que “el que decide matar a alguien es un nazi”.
Ante los insultos recibidos, el doctor Montes demandó al periodista y le reclamó una indemnización de un millón de euros para restituir su honor. “Cuando una persona llama nazi a otra en un programa de máxima audiencia requiere de una indemnización sancionadora. Quería ofender y humillar”
Al día de hoy no sabemos si prosperó la demanda, del Dr. Montes, ya saben que la justicia nuestra es lenta. Ayer en televisión se escuchó que, ocho años después, Alejandro Sanz había ganado una demanda contra una periodista, cuyo nombre no recordamos, que le había llamado “homosexual”. Fue la época en que llevaba los cabellos teñidos de rubio, lo que nos parece un dato irrelevante para que lo considerara gay, a no ser que esa periodista-basura tuviera otros datos, lo que a los demás debería importarle un pimiento, como que alguien , por muy famoso que sea, se ponga de cocaína hasta las cejas. Son ganas de molestar.
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