Monseñor Antonio María Rouco Varela (6)

Aunque ya hace tiempo de aquella enorme concentración de fieles en defensa de la familia cristiana no dejan de tener actualidad aquella impactantes declaraciones de algunos jerarcas de la Iglesia que hicieron uso de su potestad de opinar sobra materia de fe, moral y costumbres. Y como son seres inteligentes se supone que dejarán también a su grey que manifieste las suyas, estando todos como estamos sometidos a la ley natural, leyes que deben ser inviolables para todos. Y es una ley natural la del raciocinio que millones de años de evolución han ido conformando en el cerebro del animal más evolucionado, hecho según las Sagradas Escrituras a “imagen y semejanza de Dios”.
Al mismo tiempo que exponemos las opiniones personales estamos en este modesto espacio difundiendo, una vez más, las manifestaciones o juicios del Pastor Rouco para los que creen a pies juntillas todo lo que dice: pero siempre habrá quien las matice. Así por ejemplo el cardenal Rouco afirma que se”están fomentando principios y estilos de vida opuestos al matrimonio indisoluble y a la transmisión de la vida”, y que eso “se posibilita y favorece jurídicamente por leyes vigentes”. Recordó que “el origen y el fin del matrimonio, sus elementos constitutivos y sus principios vienen determinados por Dios a través de la ley natural”, y que ni los grupos sociales ni la autoridad del Estado “pueden manipular a su gusto esos principios y elementos esenciales”.
El empleo de “se están”, como se sabe, lleva una carga de impersonalidad incuestionable. Entonces hay que desenmascarar, decir con nombres y apellidos a los que fomentan esas ideas destructoras que se oponen al matrimonio indisoluble o a la vida.
Es muy fácil teóricamente pero en la práctica, mantener a los matrimonios a ultranza, cuando algunos son un anticipo del infierno con que siempre se nos ha atemorizado: de hecho algunos acaban trágicamente, incluso cuando ya se ha producido la separación. Lo mismo ocurre cuando se interrumpe la vida-nos parece más suave este verbo que “abortar” la vida – por razones físicas o psicológicas, en sus comienzos.A veces mantener la vida a ultranza es causa de muchas desgracias, infelicidad y sufrimiento.
Entonces habría que rogarle a ciertas jerarquías más flexibilidad en sus planteamientos doctrinales: ocurre que para la corrección de estos desajustes las sociedades se organizan democráticamente, eligen a sus representantes para que éstos hagan leyes justas que en cierto modo corrijan a las leyes de la naturaleza que a veces son ciegas: parece que no les importa que millones de seres humanos mueran de hambre, de sed o de infelicidad..


Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos