Sánchez Dragó, una “rara avis” ante los recortes

Alfonso Valencia 2 Abril, 2012 1

sánchez-dragóantonio algora, obispo


 Unos recortes que no quiere ni el propio Rajoy ni sus ministros. Al menos es lo que hoy ha dicho, al mismo tiempo que culpa al anterior Gobierno de los últimos: “Si hubiese cumplido su plan de déficit del 6%, este año habríamos tenido que recortar 18.000 millones menos” “Esto es lo que hay que hacer para corregir los errores del pasado”  “Estamos tomando medidas que no nos gustan, pero no tenemos alternativa”, medidas que, por cierto, Zapatero –al que ya tenemos en Málaga vía AVE caminito de Marruecos, con su sonrisa habitual y aspecto lozano- ya comenzó a aplicar hace dos años y que Rajoy calificó repetidamente de “ocurrencias”

En cambio SI aprueba e incluso le parecen cortas las reformas al eterno acomodaticio Sánchez Dragó, quien con su culta verborrea que puede confundir o encandilar a los demás – lejos quedan los tiempos de  Gárgoris y Habidis  en que se mostraba afín con las filosofías orientales de la misma manera que rechazaba lo occidental y la civilización judeo-cristiana, después devendría en adoración hacia las nínfulas y el sexo tántrico— y que en esta ocasión va dirigida a los que se quieran tragar la trola de los beneficios de la reforma, alentada desde tierras teutonas:

La reforma laboral se queda corta y los recortes saben a poco. No negocie. Gobierne. No dialogue. Legisle. No discuta. Decrete. No temple gaitas, por muy gallego que ese instrumento sea. Fraga no lo hacía, aunque las convocaba. Ejerza la autoridad que las urnas le han conferido. Estamos hartos de corrección política. Reduzca en un cincuenta por ciento el leviatán del Estado. Clausure las televisiones públicas, aunque al pedirlo esté yo escupiendo al cielo. Privatícelo todo. Cierre embajadas. Despida a los asesores. Aplique el copago en la sanidad”

Menos falsario o farsante que los anteriormente citados, nos parece –como debería ser la norma-  el pastor  de Ciudad Real, Antonio Algora, que, en un semanario de su diócesis, afirma que la reforma laboral, donde los recortes son más lacerantes, rebaja claramente los derechos de los trabajadores y busca establecer un mercado de trabajo en el que los empleadores “hagan y deshagan a su antojo”, en que los perdedores en el concierto social son los mismos y siempre los más débiles.

Y reflexiona: “No habremos avanzado nada en que el trabajador se sienta realizado con su trabajo y le sirva para llevar una vida estable y sin sobresaltos, que haga posible la familia, la educación de los hijos, el tejido social compacto y fuerte que hace personas y países fuertes para soportar las inclemencias de las coyunturas históricas”, “si no queda más remedio que aplicar hoy estas medidas, ¿no han de ser complementadas por otras en las que lo central sea la vida de las personas? ¡Tantos avances tecnológicos para esto!”.”Da la impresión de que las sociedades desarrolladas van a ser las que más poder concentren en menos manos, y esto no se corresponde con las aspiraciones de una sociedad democráticamente avanzada”.”Parece mentira que a día de hoy tengamos que echar mano de usos del pasado que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores”. “No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad”

Y como su reino no es de este mundo, acaba aconsejando que “elevemos nuestras oraciones para que Dios nuestro Señor cuide de los más perjudicados de esta malísima situación que ya cuenta en nuestra España con más de once millones de pobres”. Creemos que con esta cifra se ha quedado corto: los recortes la agrandarán con toda seguridad.