Ofrenda musical, BWV 1079 [1747], de Johann Sebastian Bach

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Cuando nada parece tener sentido, siempre puede uno tumbarse en el sofá para disfrutar de las suites para piano de Bach, las obras para guitarra o La Pasión según San Mateo, en la que a mi juicio la música llega a sus máximos niveles expresivos.

 Pedro G. Cuartango en El Mundo, 27-6-15:

 «Bach, con perdón, para mí es Dios. Todo el sufrimiento y las decepciones que he padecido estarían compensadas con creces por el disfrute de las obras del kapellmeister de Leipzig: desde sus cantatas a las suites para piano, desde las misas a los grandes oratorios, desde los conciertos a sus trabajos para un solo instrumento.

Mi imagen de la felicidad es un invierno en un pequeño pueblo de Burgos a mediados de los años 70. Éramos un grupo de amigos y estábamos cercados por la nieve. La temperatura había descendido a más de diez bajo cero. Era tan imposible salir de casa como poner en marcha un coche.

Recuerdo que anocheció muy pronto y nos refugiamos en una vieja cocina con un fogón en el que brillaba el rojo de las brasas en la oscuridad. Nadie tenía ganas de hablar y alguien tuvo la idea de poner la Ofrenda Musical de Bach. Durante una hora, permanecimos sobrecogidos por aquella música que parecía venir de regiones del más allá.

 He vuelto a revivir estos días la misma sensación al escuchar la versión de Jordi Savall en la abadía cisterciense de Fontfroide en el Languedoc francés, donde un grupo de virtuosos se juntaron para hacer un homenaje a Bach.

 Cuando trabajaba en Lucerna, había una pequeña iglesia cerca del lago en la que el organista tocaba las piezas del maestro los domingos por la mañana. Era un momento mágico que jamás olvidaré.

Como tampoco la emoción que sentí al escuchar la sonata número 5 para clave y violín cuando entré por azar una tarde en la iglesia de los jesuitas de la ciudad suiza, en unos momentos de depresión en los que pensaba que nada merecía la pena.

He disfrutado, he amado, he sufrido, he llorado con Bach. De niño, cuando tenía ocho o nueve años, me quedaba extasiado escuchando en un tocadiscos sus composiciones para órgano que sencillamente me hipnotizaban.

Dicen que el cerebro tiene una parte específica para descodificar el sonido, que nada tiene que ver con la zona donde se ubica el pensamiento racional y la capacidad de cálculo. Eso significa que se puede ser a la vez un tonto para las matemáticas y un genio para disfrutar de la música.

Cuando oigo alguna de las cantatas de Bach, me entran ganas de abrir la ventana y gritar que la existencia sí merece la pena. Como cuando veo una película de John Ford, disfruto de una puesta de sol en Bayona, paladeo una buena tortilla de patata o sueño con que vuelvo a jugar al fútbol»

La Ofrenda musical, BWV 1079  es una colección de cánones y fugas y otras piezas de música compuesta por Johann Sebastian Bach, a partir de un tema musical original del rey Federico II de Prusia (Federico el Grande) al que la obra fue dedicada.

La colección tiene su origen en el encuentro que se produjo entre Bach y Federico el Grande el 7 de mayo de 1747. El encuentro tuvo lugar en la residencia real de Sanssouci, en Potsdam, debido a que el hijo mayor de Bach,Carl Philipp Emanuel, estaba empleado en la corte real como clavecinista. Federico quiso mostrar a Bach como una novedad unos pianofortes fabricados por Silbermann, el constructor de instrumentos de teclado. El pianoforte era entonces todavía un instrumento casi experimental, habiendo sido inventado sólo unos años antes, por lo que pudo ser la primera ocasión en la que Bach probó uno.

Bach, que era muy conocido por su capacidad en la improvisación, fue retado por Federico a improvisar un fuga sobre un tema de su pretendida invención, que fue denominado Thema Regium (“Tema real”). La prensa de aquellos días relata que Bach salió exitoso del trance e improvisó una fuga.

Dos semanas después de este primer encuentro, Bach publicó un conjunto de piezas basadas en este tema y que se conoce hoy como la Ofrenda musical. Bach inscribió en la partitura la leyenda “Regis Iussu Cantio Et Reliqua Canonica Arte Resoluta” (el tema proporcionado por el rey, con adiciones, resuelto en estilo canónico), las primeras letras de cada palabra de la leyenda resultando en la palabra “RICERCAR” (denominación que recibía antiguamente la fuga).

Se sabe poco sobre cómo recibió Federico la partitura que Bach le dedicó, y ni siquiera si intentó ejecutarla, interpretando él mismo la parte de flauta de la sonata trío, o resolver los enigmas. Federico tenía reputación de no ser un amante de la música “complicada”. No en vano, su profesor de flauta y composición era el músico Johann Joachim Quantz, compositor prolífico y partidario de progresiones armónicas claras y sencillas, con líneas melódicas claras y apoyadas por el bajo continuo en función de soporte.

 El importante nivel que la partitura exige del ejecutante de la parte de flauta, hace pensar que el rey debía ser un flautista cualificado, porque no cabe pensar que Bach se atreviera a dedicar al rey una obra que estuviera fuera de su alcance como intérprete. Además, parece ser que poco después de recibir la visita de Bach, Federico tuvo que salir en campaña de guerra. Por esta razón, es presumible que la Ofrenda musical no fue recibida como una obra tan importante como se merecía.

Además de la sonata trío, que fue escrita para flauta, violín y bajo continuo, las piezas tienen pocas indicaciones sobre para qué instrumentos deben utilizarse en su interpretación. Los ricercares y los cánones fueron realizados de distintas formas: Los ricercares se interpretan frecuentemente con instrumentos de teclado, conjuntos de música de cámara o con distintas configuraciones de instrumentos, comparables a la instrumentación de la sonata trío. Existen grabaciones de uno o más instrumentos de teclado (pianoclave), así como de formaciones instrumentales más amplias.

 

Fuentes:  Wikipedia y El Mundo.es

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