Félix de Azúa, nuevo académico de la RAE: serendipia

Alejandro 16 marzo, 2016 0

El escritor Félix de Azúa, (Barcelona, 1944) ,que acaba de ingresar en la  Real Academia Española, afirma que  “la educación en Catalunya consiste en enseñar odio a España y a lo español»  y reconoce  que sus palabras y su actitud le han granjeado «muchos enemigos», sobre todo en Catalunya donde «la educación está en manos de talibanes» y cuyos políticos son de una mediocridad monstruosa.

Afirma que en España «la gente se calla demasiado. Hay un silencio heredado de siglos de dictaduras religiosas, militares y oligárquicas». Ese silencio «hace la convivencia agradable, pero tiene la dificultad de que los abusones, los chulos, los canallas tienen la tarea muy fácil: nadie protesta. Y la poca protesta que hay, que es la de los profesionales, es una protesta entre amigos». Cree que el hecho de callarse es lo que ha conducido a lugares como Catalunya y el País Vasco a callejones sin salida. Es muy difícil vivir en ellos si tienes una cierta ética, una cierta dignidad, porque estás rodeado o bien por canallas o bien por gente que simula no ver a los canallas»

Catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, el escritor decidió mudarse a Madrid – fue el nacimiento de su hija, «una criatura deliciosa» que ahora tiene cuatro años, lo que lo llevó a cambiar de ciudad- hace unos cinco años tras haber vivido décadas en su ciudad natal. «Hubiera podido resistir tranquilamente en Barcelona, porque en cierto modo me crece ver que mis enemigos son tan extraordinariamente mediocres, ignorantes, como son las autoridades catalanas»

.Ahora ingresa en la  RAE con un homenaje a Martín de Riquer, , «uno de los más destacados medievalistas que ha dado Europa» , ocupando la silla H y con  un discurso titulado Un neologismo y la Hache, habiéndole dado la bienvenida Mario Vargas Llosa.

Una parte del trabajo académico, ha señalado De Azúa en su discurso, «consiste en recoger y clasificar las nuevas especies (palabras) que se producen de modo espontáneo […]. Pero otra parte no menos importante es la de proponer palabras que se hacen necesarias para cubrir un vacío de significado que ha quedado al descubierto». Como ejemplo, ha puesto serendipia (‘hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual’), debatida por el Pleno en 2012. «La traigo a cuento  porque hay una relación serendípica entre Martín de Riquer y quien ahora va a ocupar con gran humildad su sillón».


A continuación ha recordado cómo conoció a Riquer, en 1970, cuando este dio una conferencia en Barcelona, «Armas y armaduras de los caballeros catalanes en la Edad Media». Durante los años siguientes, todo «el archipiélago de términos muertos, de palabras calladas» fue lo que me sedujo de Riquer. De inmediato «comencé a pensar en una novela que las recuperara. ¿Era posible devolver a la vida esa colección terminológica de estampas léxicas medievales y renacentistas sin que pareciera una resurrección de cartón piedra?».

El «deslumbramiento» del Tirant lo Blanc de Joanot Martorell fue lo que convenció a De Azúa «de que tenía que escribir una novela de aventuras caballerescas». Antes de esto, no obstante, ha hablado de otra serendipia, «la que reunió al editor Carlos Barral y Mario Vargas Llosa cuando buscaban un Joanot Martorell y se encontraron un Riquer». El nuevo académico se ha referido entonces a la edición del Tirant que apareció en 1969, fruto de la amistad entre Barral y Vargas Llosa y que prologó Riquer. La anterior, de 1947, había estado al cuidado precisamente de Riquer.

El proyecto antes mencionado de escribir una novela quedó aplazado, ha proseguido De Azúa, «hasta que encontré, no sé si por serendipia o por chiripa, el texto adecuado «para desenterrar el tesoro de Riquer y tratar de darle una vida impostada». Ese texto era el de un caballero francés de la Champaña, Jean de Joinville, nacido en 1225, y me iba a permitir la ambiciosa tarea de dar vida a decenas de palabras dormidas, fenecidas u olvidadas».

Así, «me puse a escribir mi primera novela aceptable. Se editó en 1982 con el título de Mansura y uno de mis valedores en esta Academia, Javier Marías, la acaba de reeditar por pura serendipia en su caballeresca editorial del Reino de Redonda».

Antes de finalizar su discurso, Félix de Azúa ha recordado que, hace cuarenta años, Martín de Riquer, «sin él saberlo, comenzó a traerme hacia este sillón que hoy ocupo, su sillón».

La bienvenida a la RAE se la ha dado el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa. El escritor peruano ha destacado del nuevo miembro de la corporación «el interés y la expectativa que sus escritos suscitan desde hace muchos años en el medio intelectual de España […], convirtiéndose en una referencia inevitable». A su «influencia indiscutible» en materias cívicas y culturales se ha referido Vargas Llosa durante su intervención.

Ha destacado, como rasgos principales de él, un «radicalismo —ir hasta la raíz de las cosas— connatural, que nunca trata de esquivar el bulto a los grandes temas de actualidad, por riesgosos que sean». Y, según Vargas Llosa, uno de los más seductores es «esa visión integrada de las artes y las letras que es la suya […]. Leer a Félix de Azúa es estimulante e instructivo, pues nos recuerda que la cultura es una sola, aunque se manifieste en muchos campos y géneros, y que la literatura, si no es comunicación, no existe».

Por último, Mario Vargas Llosa ha destacado de Félix de Azúa que, sobre todo, «tiene ideas, pensamientos vivos que son infracciones al lugar común, sacudones a la cultura adocenada, exhortaciones al desorden intelectual contra un orden sometido al conformismo y a la cobardía que significa aceptar las modas por las modas».

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