Deportes en la edad temprana : Natación

Alfonso Valencia 29 Diciembre, 2016 1

Laguna Dulce. Campillos

A falta de los monitores de que disponen hoy día nuestros hijos y nietos nosotros inventamos el ‘estilo covachero’ que poníamos en práctica nadando más o menos como los perros, rodeados de culebras de agua y de ratas, de ranas, de galápagos, de una fauna ya extinta debido no solo a que llueve menos sino a que los campos fueron envenenados hace tiempo con tantos fertilizantes y plaguicidas para matar todo lo que se moviera para la obtención de unas pírricas cosechas que ya no interesan si no están subvencionadas y porque observo que la campiña va desapareciendo lentamente a golpe de ladrillo y de pretenciosos adosados y huertos familiares, extraño nombre dado a las parcelaciones, y que supongo colman las apetencias de tener una casa en el campo, sea familiar o no, sea adosada o no, sea para aperos o no, en la que no falte la piscina, ‘emberca’ * se decía antes, con lo que se consigue una sobreexplotación de los acuíferos.

No había piscinas, ni públicas ni privadas, donde aprender y perfeccionar la natación, cada uno sabíamos lo que sabíamos y sálvese quien pudiere. Íbamos a la laguna Salada, a la ‘Dú’, al baño de los Caballos y a la Covacha -como denominábamos al Arroyo Rincón-, donde había una zona que nos llegaba el agua ligeramente por encima del ombligo, que era suficiente para cumplir con nuestros objetivos, salpicar, nadar, recalar y darnos ahogadillas.


Lo de salpicar se hacía fácil, lo de ‘recalar’ también, pues bastaba con taparse la nariz y meter le cabeza debajo del charco y creyéndonos que nadie nos veía dábamos unos pasos reptando por el fondo, y como si hubiésemos hecho una inmersión a pulmón libre, salíamos por la otra punta, haciendo aspavientos y presumiendo de lo que ‘aguantábamos’ bajo el agua…
Había que ver a todos los nadadores avanzar con la panza tocando fondo, y tomando impulso con los dos brazos y las dos piernas a la vez y de adelante hacia atrás, con un movimiento cadencioso y acompasado, que producía un sonido onomatopéyico: ¡ chuf, chuf, chuf !

Además del fútbol y de nuestra peculiar forma de nadar modelábamos el cuerpo con unas tablas de gimnasia proporcionada por el Frente de Juventudes y aplicadas por don Juan Cantano, que nos colocaba en filas e hileras y, obedientes a sus gritos de ¡ uno, uno doos, uno trees, uno cuaatro ! , íbamos moviendo brazos, piernas, troncos y caderas y esto nos ayudaba a aprobar la asignatura de Educación Física casi siempre unida a la de Formación del Espíritu Nacional, algo que contemplado en la distancia parece una entelequia por ser un concepto muy abstruso y más ahora en que brotan naciones por doquier dentro del Estado, algo alimentado por los partidos emergentes.

* De alberca (del árabe hispánico albírka)