Arrecian las críticas denigratorias contra la ministra de Defensa, Chacón

Aunque para compensar diremos que doña Carmen-dicho su nombre en parla castellana- es, tras la ministra de Finanzas francesa, la mujer política que más ha despuntado en 2008 y que tiene mayor potencial en Europa y en el mundo, según la lista Women to Watch que cada año publica The Wall Street Journal. Las otras dos españolas destacadas por el diario son Ana Patricia Botín y Christina Domecq. Tomen, pues, del frasco Carrasco, señores Losantos, Vidal y Pedro José.
Para los que no saben lo que es lo del top fifty de mujeres con poder en el mundo les diremos-copiándolo naturalmente- que está encabezado por Sheila Blair, presidenta de la Corporación de Seguros de Depósitos Federales; Indra Nooyi, CEO de PepsiCo.; Barbara J. Desoer, máxima responsable de Tecnología y Operaciones Globales de Bank of America; Xiaolian Hu, vicepresidenta del Banco Popular de China, y la mencionada Christine Lagarde.
Dicho esto, vayamos a por los excelsos comunicadores tan irreductibles en su concepción
del mundo y de la vida: después de ellos sólo encontraremos desolación.
Así Losantos, que continúa con su particular campaña de acoso y derribo a Rajoy y en general a todo su equipo opositor, de mentirijillas a su juicio, si ayer tachó a la ministra de antiespañola, hoy ha asegurado que lo que más le “molesta” de la ministra de Defensa que aparece llorando con las familia de los soldados españoles bajo la bandera de España es que sea también una de las dirigentes más importantes del partido que está persiguiendo a España. Dice el incombustible orador episcopaliano que Carme no puede simultanear hacer la guerra a España en Cataluña y defender la paz de España en los diecisiete taifas.
Pedro José, el de El Mundo, argumenta de manera similar, como si ambos siguieran el mismo guión: ve una contradicción en Chacón por ser la titular de Defensa mientras pertenece a la dirección del PSC, un partido que persigue el uso del castellano en Cataluña, permite que se quemen efigies de los Reyes y rechaza identificarse con los símbolos nacionales y que ha arrancado a los españoles la parte del león para infraestructuras y que se dedica a abrir embajadas de Cataluña en el extranjero.
Más ofensivos nos parecen los insultos por estar más personalizados que César Vidal le arroja en un artículo (en La Razón) cuyo nombre lo dice todo: “La obscenidad de Chacón”. En él, y resumiéndolo, se muestra indignado-se rasga las vestiduras, diríamos nosotros como un moderno fariseo, instalado además en el sanedrín copero- porque ve obsceno que la ministra comparezca ante la prensa tras la muerte de dos soldados para leer un discurso y ha exigido su dimisión: “Nos hemos visto obligados a asistir a lo que sólo puede considerar un ejercicio desvergonzado de obscenidad”.
La culpa de que durante años se haya negado -a sabiendas de que era mentira- que nuestras tropas en la zona se encontraban en un conflicto bélico, ocultando tal circunstancia bajo el eufemismo vergonzante de misión de paz., de que se hubiera solidarizado con el cómico de tres al cuarto Rubianes que se había cagado en la puta España, de que haya convertido en primer objetivo de su ministerio el integrar a la mujer en las FFAA, pero no en dotar a nuestras tropas del equipo necesario: cambiar los uniformes femeninos en el Ejército, pero no los carros de combate sustituyéndolos por otros dignos.
Remata su escrito denigratorio de esta guisa:
“Con ese historial a sus espaldas, seguramente, muchos de los lectores comprenderán que pocas veces en mi vida haya sentido tanto asco, tanta repugnancia y tanta indignación como hace unas horas al ver a la ministra de Defensa eludiendo a un grupo, sin duda fiero de periodistas leyendo un papel en el que expresaba su admiración a unos soldados a los que no ha atendido ni un solo minuto”, “Ningún hombre de honor hubiera incurrido jamás en semejante conducta. La Chacón ni es un hombre ni tiene honor. Bastaría con que dimitiera y nos librara a todos de tener que contemplar tanta obscenidad”.
Esta figura del periodismo cuando no es homófoba se nos muestra como una machista consumada-estamos concordando con “figura”, de esos que, de toda la vida, llevaron los pantalones en casa. A este sigue produciéndole vértigo el que una mujer sea Ministra del Ejército, ahora Defensa
Tag: sociedad

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Carmen Chacón es una hija privilegiada del Azar. No sé si top “deka”, “fifty” o “100″. Me da igual. Tampoco sé si se encuentra entre las “50″ más famosas por sexy, por ser rica, o sin porqué. El caso es que la han subido (o se ha subido) al Carro del Heno del Bosco porque esta mujer tiene todas las incipientes maneras de querer ser Venus Imperial. Y lo está consiguiendo gracias a la secreta labor de su marido. Miguel Barroso, periodista y Exsecretario de Estado de Comunicación en la Moncloa en los primeros años de Zapatero y ahora Director de La Casa de América, entre lo uno y lo otro, no sólo montó TV-6ª, así como El Público (a medio euro), sino que ambos se conocieron y enamoriscaron. A partir de tal momento, Carmen Chacón saltó a la fama: Ministra de la Vivienda, y ahora de Defensa, y, a lo mejor, próxima Presidenta con las cachas en Moncloa.
Nadie de los gobiernos de Zapatero ha sido tan publicitada como élla. En una sociedad donde las mujeres y los hombres nos miramos los unos a los otros con esa regla milimetrada de nuestros egoísmos, dones y pagos, favores y agradecimientos, bienes y dinero, la Chacón (por Azar) tuvo la suerte ocasional de conocer a un lince de la publicidad. Todo cuanto se ve en TV, o se oye en Radio, o aparece en El País y demás medios, todo, absolutamente todo lo sirve y controla Miguel Barroso. En estos momentos, el genio y figura de su mujer son alimento espiritual para millones de gentes, gracias a una técnica de marketing. La misma que se utiliza para entrar en las conciencias de los consumidores y venderles pasta de dientes o un sostén. A ello se debe el que arrase en las encuestas.
Y el que sea punto de mira para cuantos se proponen vivir sin creer en las mentiras… como César Vidal, Pedro J. y Losantos.
Con mi saludo más cordial, amigo Alvallo.